lunes, 13 de marzo de 2017

6 de agosto de 1221, La “Transfiguración” de Fray Domingo (y III)

A los pocos años de Fray Domingo, su sucesor Beato Humberto de Romans, introdujo en el “Prototipo Litúrgico”, por el que se establecía y unificaba la liturgia para toda la Orden, que en el rezo de Completas, después de la Salve Regina, con la que tradicionalmente concluía el oficio monástico y por extensión el de la toda la Iglesia, se incluyera esta oración extraída del relato de la muerte ha llegado hasta nuestros días por gracia de los testigos en el proceso de canonización del bienaventurado Domingo.

¡Oh admirable esperanza!
La que diste,
a la hora de la muerte
a los que te lloraban.
Prometiéndoles
que después de tu tránsito,
vendrías en ayuda
de los hermanos.
¡Cumple, oh Padre,
lo que prometiste
socorriéndonos
con tus plegarias!

Fray Domingo había agotado todas tus energías en la extensión del Evangelio, había predicado y exhortado a tiempo y a destiempo, sin desfallecer en la carrera, superando toda clase de dificultades, con el único fin de anunciar a toda la creación la maravillas del Señor. Domingo muere extenuado, débil y pobre, sin una habitación en su querido convento de Bolonia, sin un hábito para su sepultura, pues le prestarán uno en mejor uso. Domingo se ha ido “trasfigurando” poco a poco, día a día, desde aquella fuerte experiencia en Palencia, con la oración, el estudio y la vida común, pilares de su obra, la Orden de Frailes Predicadores.
El día en que celebramos la Transfiguración del Señor, Domingo de Guzmán el andariego y sembrador de la Palabra, el hombre sonriente y alegre, incluso en las dificultades, el hombre fuerte que vio la luz en Castilla, fuerte como sus torres y murallas, el hombre que junto al río Carrión se hizo el hombre de la compasión, concluye su propia trasfiguración para decir: «Predicamos a Cristo con quien me he crucificado».

Fray Luis Miguel García Palacios, O.P.
Subprior del Convento de San Pablo

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